No pasa por la "chapa"

0

Javier García
La frase discriminatoria del presidente (Mujica de Uruguay) con respecto a que hay algunos que no le perdonan no tener “chapa” universitaria, es una especie de versión modernizada de la lucha de clases, veinte años después de la caída del muro de Berlín.
El presidente creyó que era el primero en llegar a ese cargo sin ser egresado universitario, y lejos de ello es uno en tantos que no lo fueron. Y la pregunta que surge de inmediato es muy breve: ¿y?
La Constitución de la República lo único que establece como condición para ser presidente es ser ciudadano natural y 35 años cumplidos, además, obviamente, de una montaña de votos. Es así de simple y así de democrática.
Advertir que no es egresado universitario cuando todo el mundo lo sabe y agregarle que muchos no se lo perdonan, es simplemente una afirmación discriminatoria hacia quienes sí lo son, además de bastante vengativa.
Revela también cierto desprecio hacia muchos uruguayos que se dedican a ejercer una profesión para la que se formaron con mucho esfuerzo y horas de estudio porque, afortunadamente en esta materia, nadie regala nada. Y la pregunta también es breve, ¿qué tiene de malo?
El presidente se siente perseguido permanentemente y en actitud defensiva. Llegó a una altura donde se lo juzgará, para bien o para mal, por las cosas que hizo y nada más.
Tiempo atrás, en plena campaña electoral, lanzó una frase ofensiva para los que viven en Pocitos, más de cien mil uruguayos, en otra intervención discriminatoria.
Todos sabemos lo que revela: un prototipo del bueno y del malo. Para el presidente tener una profesión y vivir en un lugar determinado es sinónimo de rico, “cajetilla”, antisolidario, por lo tanto sospechoso de mal ser humano, mientras que no serlo es de entrada pasaporte de buena persona.
Es también bastante contradictorio con la tradición política de la llamada izquierda que adjudica a la Universidad ser el principal laboratorio donde se forma la conciencia social.
Parece que allí, según Mujica, también se forman aquellos que no le perdonan haber llegado a presidente a pesar de que la mayoría en la Universidad lo votó. Difícil de comprender, ¿no?
El presidente debe entender que no importa si se tiene oficio o profesión, se es trabajador asalariado o cuentapropista, empresario grande o chico, si se vota a un partido o a otro o se profesa una religión o ninguna, o el color de piel, si se vive aquí o allá, o si tararea Ai Se Eu Te Pego o la Cumparsita, va a la ópera o al Teatro de Verano; la única división que importa es la que separa a las personas entre las que son de bien y honradas, que por suerte son la inmensa mayoría y las otras, que son pocas y las hay en todos los bandos y en todas las actividades.
Esa permanente actitud de desprecio intelectual del presidente Mujica para quienes se dedicaron a cosas diferentes a las que él se dedicó no es el gesto de quien debería preocuparse por representar a todos y no de buscar divisiones insólitas.
Acuérdese qué mal pasó la humanidad cuando hubo una vez un ser despreciable que decía “cada vez que escucho la palabra cultura saco el revólver”. Mucha cultura hace muy bien a un país y muchos votos hacen presidente a una persona.
El tema no es enojarse con la “chapa” sino tratar de hacer las cosas bien. Y si logra hacerlas así, mucho, muchísimo mejor.

Dejar respuesta

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí