Uruguay: Un censo de cuarta

0

Javier García
El país ojalá sea de primera, pero el censo es de cuarta. Un papelón histórico y bochornoso coronó este censo que se realiza quince años después del último, por lo que no se podrá alegar falta de tiempo para su preparación.
Un enorme y costoso despliegue publicitario nos anunciaba “setiembre mes del censo”, para que en los últimos minutos de diciembre, cuatro meses después, tengamos un resultado en el que pocos confían, si hay alguien que lo hace y aún no terminó.
Una inversión de 14 millones de dólares se utilizó para llevarlo adelante, lo que sin duda por la importancia estratégica del mismo se justificaban.
De un día de censo, que era el tiempo utilizado para hacerlo históricamente, al mes de duración anunciado para éste con 5.000 censistas utilizando minicomputadoras ampliamente publicitadas, a este papelón donde se termina a punta de lápiz y de block de apuntes, haciendo llamadas telefónicas y con la directora del INE saliendo por las casas a llenar vacíos, media la distancia entre lo serio y lo ridículo.
El sentir de los uruguayos es que esto fue un bochorno que no hace confiables los resultados. Hasta al propio presidente de la República hicieron entrar en idas y venidas, no es que le haga falta esto, pero aquí también.
Nadie, con mediana razón, puede contestar una pregunta básica a esta altura: ¿cuántos somos hoy los uruguayos?
En 1908 cuando el presidente Williman hizo el primer censo, a pesar de no tener computadoras, pudo responder esta pregunta y unas cuantas más.
La gravedad de este episodio radica en lo relatado pero también en las consecuencias que deja. A partir de las cifras se toman decisiones en materia de políticas públicas, políticas sociales y económicas, entre otras.
Si los resultados no son confiables o están mal, las decisiones que se tomen a partir de ellas también estarán mal.
Pero lo más grave de todo es el daño institucional que se le hizo al INE.
Por encima de partidos políticos y gobiernos en Uruguay nunca nadie puso en dudas las estadísticas y cifras del organismo.
Aquí no es como en Argentina donde nadie le cree al Indec, acá pasan los gobiernos pero la credibilidad en el Instituto de Estadística siempre se mantuvo.
Este es el mismo organismo por el cual con sus estadísticas conocemos los índices de empleo y desempleo, de pobreza e indigencia, de actividad económica, índice de precios al consumidor, demográficos, en fin variados y de todos los ámbitos.
La confianza en ellos es un pilar de la institucionalidad, se construyen decisiones que impactan en la vida de todos los uruguayos y que hacen al funcionamiento del sistema de gobierno.
Este episodio escandaloso pone en tela de juicio la credibilidad de ellos para el futuro, y no hay derecho a que así sea por la negligencia de quienes están hoy a su frente.
Es un deber político con mayúscula defender ese patrimonio de confianza y por ello la directora del INE debe ser removida como primer gesto para restituir la credibilidad.
Las afinidades partidarias no pueden apañar este papelón. No es un tema de gobierno y oposición, hoy nadie confía en la jerarquía del INE.
El gobierno debe tener lealtad institucional y no solo pedírsela a los demás.

Dejar respuesta

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí