El vendedor de sueños

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Bruno Salvo

La Plaza Matriz en la zona de la Ciudad Vieja de Montevideo, es un lugar mágico. Rodeada de construcciones antiguas y con la histórica Catedral Metropolitana consagrada en 1804 y la renovada peatonal Sarandí, plagada de comercios, vendedores ambulantes de antigüedades y con el paso constante de empleados de empresas que recorren a diario todo el entorno, sumado al incesante paseo de los turistas que llegan a visitar la ciudad capital de la República Oriental del Uruguay.

En la esquina de Ituzaingó y Sarandí, hay un escritor que vende sus propios libros de una manera elegante, cálida y atípica. Bruno Salvo, autor, editor y vendedor de sus obras literarias es un caso elocuente de alguien que ama escribir.

Bruno tiene 39 años y cuenta que su pasión es volcar en las páginas de un libro sus historias. En el comienzo se cansó de visitar editoriales intentando que publicaran sus obras. No pudo lograrlo. En el difícil mundo editorial de Uruguay no encontró respuestas a sus inquietudes y admite que sus primeros trabajos “no eran buenos como los de ahora”, reconoce.

Bruno Salvo estudió publicidad gráfica en la Escuela de Artes y Artesanías de UTU (Pedro Figari) y más tarde ingresó en la licenciatura de Ciencias de la Comunicación.

Durante 15 años ejerció como docente de Informática, hasta que en 2015 comenzó su labor de llevarle al lector sus libros auto publicados.

Su relato es claro: “Me dedico a escribir y a ofrecer mis propios libros de manera ambulante, por las calles por las plazas y es una forma casi única; no hay mucha gente que haga eso…que se anime a hacer eso”, asevera. “A mí me gusta hablar con la gente, ofrecerlo, firmarlo -que me lo piden- y me siento muy cómodo haciéndolo y muy feliz”, explica.

Su último libro, Cuentos escritos en horario de trabajo es un compendio de historias diferentes de la vida diaria que no necesariamente refieren al trabajo en una oficina, aclara Salvo y señala que son una mezcla de hechos de la vida cotidiana, con humor negro, erotismo y crimen entre otras realidades.

Los turistas se acercan, encuentran insólito que un escritor les ofrezca en plena calle su obra literaria y Bruno maneja el marketing sobre la base del ingenio; su remera escrita en inglés es un llamador para el turista extranjero: “i wrote some cool shit”.

Y Bruno Salvo escribe y lo seguirá haciendo, porque poder contar historias es una parte fundamental de su vida y es el camino que eligió y no piensa claudicar.

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