Simplemente Wilson

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Wilson Ferreira Aldunate (Foto archivo ICN Diario)

Por Alejandro Lafluf.-

A 31 años de su muerte la memoria de Wilson sigue viva. Los hombres que han dado su vida por el país y que además han conectado con su esencia, no mueren, sino que viven para siempre en la mente y el corazón del pueblo.

Wilson vive porque sigue presente. Está presente en nuestras conversaciones, cuando contamos sus anécdotas, cuando invocamos sus ideas o sus actos o cuando recordamos su sonrisa y su alegría de vivir y nos llenamos el corazón con todo eso.

Y su memoria vive porque su pensamiento sigue vigente. El ideario wilsonista nos sigue proporcionando un horizonte de sentido que nos guía en este mundo tan convulsionado. Un ideario lleno de derechos, lleno de interior, lleno de esperanza, lleno de crecimiento y desarrollo, lleno de cooperación y de integración, lleno de comercio, de trabajo, de porvenir, lleno de cultura, de educación, lleno de igualdad, de libertad, lleno de República.

Y es la inadecuación, precisamente, de la realidad que nos toca vivir, con ese ideario, lo que hoy nos rebela. Pero también, es ese mismo ideario, el que nos llena de fuerza para seguir luchando y el que nos recuerda siempre por qué lo hacemos. La lección más importante que nos legó Wilson fue sin duda que debíamos actuar siempre en aras del interés nacional. Que no nos dejáramos guiar por intereses personales, ideológicos o partidarios. Para Wilson esto nunca fue un problema. Para él estas tres dimensiones nunca estuvieron separadas, por el contrario, estaban profundamente unidas por un lazo invisible que las ataba: el interés nacional.

Para Wilson la persona debía comprometerse con el Partido (“sé es blanco todo el día”), y las ideas del Partido debían comprometerse siempre con el País (“lo mejor para el País es lo mejor para el Partido Nacional”). Para Wilson si el Partido Nacional abrazaba esta idea como causa entonces tendría inevitablemente un “destino manifiesto”.

Por supuesto pensar en el interés nacional nunca fue una decisión gratuita. Vaya si tuvo costos, políticos y personales. Solo los grandes pueden mantener en el tiempo semejante decisión a pesar de todo eso. Pero Wilson lo era. Y por eso la Historia le tiene reservado un lugar de honor. Porque nunca dudó en poner primero al país. Porque nunca especuló. Porque siempre se sacrificó. Y eso lo saben todos, incluso sus enemigos – que también los tuvo-.

Wilson no pensó nunca en términos de derecha o de izquierda. No fue un hombre dogmático, por el contrario, le gustaba mirar de frente a los problemas porque le interesaba resolverlos no disolverlos. Para Wilson los problemas siempre tuvieron rostro por eso su pensamiento nunca se petrificó en ideologías.

De mente clara, de corazón abierto, de lengua afilada, de sonrisa amplia y de alma generosa. De todo eso y mucho más estaba hecho Wilson. Un hombre de su tiempo, pragmático, inteligente. Siempre pensando en el país. Siempre pensando en construir instituciones que trascendieran los voluntarismos.
Siempre abierto a las ideas de los demás. Si las ideas eran excelentes, no
importaba nada más.

Lo dijimos antes y lo reiteraremos siempre: “Los grandes hombres no provienen del pasado sino del porvenir. Wilson pertenece al futuro de nuestro país. Nuestra deuda con él no es una deuda con el pasado sino una deuda con el porvenir. El Uruguay que soñó alguna vez todavía nos aguarda”.

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