López Mena: El hotel cinco estrellas y el puerto de yates en Colonia que nunca se hicieron

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Juan Carlos López Mena

El naviero argentino, Juan Carlos López Mena, propietario de Buquebus, vuelve a agitar las aguas del Río de la Plata y está enfadado. En una rara conferencia de prensa que dio en Buenos Aires para medios uruguayos anunció que si no le enajenan los predios del Dique Mauá en la rambla de Montevideo para su usufructo, abandonará el proyecto y no construirá la terminal fluvio – marítima pues no aceptará una concesión porque no quiere asociarse al Estado, aduciendo que esos negocios así, no terminan bien, explicó, en medio de las críticas de muchos sectores políticos y sociales que piden públicamente que no se le entreguen esos predios a López Mena.

A la hora de presentar ejemplos, el naviero no se desmerece y compara su proyecto del puerto con la Torre Eiffel, mientras asegura estar entre los empresarios sensibles “que se adelantan y quieren construir cosas hermosas”, para luego apuntar: “Yo siempre cito el caso de algunos personajes de la historia. Yo no soy ningún personaje, pero Eiffel, cuando construyó la torre fue criticado; casi lo echan y deja de ser ingeniero”, dijo sin aclarar que medidas tomará ante este fracaso; si dejará la navegación y volverá a su antigua profesión de confeccionista de camisas.

La verdad sobre el megaproyecto en Colonia que nunca se hizo

Extraído del libro “López Mena, el zar del Río de la Plata” (ed. Planeta, 2009)

López Mena asegura en la entrevista que “En Colonia hace 25 años compramos una manzana en una subasta pública y nunca me dejaron hacer nada”, pero no es como el empresario cuenta. Era una zona definida por la Unesco como Patrimonio Histórico de la Humanidad.

El proyecto de Juan Carlos López Mena para crear un puerto de yates con capacidad para quinientas embarcaciones y un hotel cinco estrellas, en un lugar que podría considerarse patrimonio histórico, naufragó por consejo de la Unesco.

Se trataba de Marinas del Sacramento, un emprendimiento que se construiría en una extensa zona de la bahía del departamento de Colonia, cercana al puerto viejo.

En esa zona elegida se pensaba edificar un proyecto hotelero cinco estrellas y un amplio espacio para la construcción de viviendas residenciales de baja altura.

Con la aprobación en las manos del naviero, todo parecía ir bien encaminado desde la colocación de la piedra fundamental en 1998.

La alegría duró poco; la Dirección Nacional de Medio Ambiente (Dinama) dio lugar a un recurso interpuesto que denunciaba el proyecto de López Mena como perjudicial para el equilibrio ecológico de la zona y que terminaría afectando las aguas fluviales, la fauna y la flora del lugar.

Durante el primer gobierno de Tabaré Vázquez se levantó el recurso, ante el compromiso de López Mena de tomar todos los recaudos para no afectar el medio ambiente.

Incluso el ministro de Transporte y Obras Públicas, Víctor Rossi, declaró que “las modificaciones que se incorporaron (al proyecto de Marinas del Sacramento) son absolutamente válidas”.

Recién en 2008, llegó a Colonia la inspección de la Unesco que aconsejó que el proyecto fuera relocalizado en otro lugar.

Esto provocó la reacción del magnate naviero, aunque reconoció la coherencia de la recomendación de Unesco sobre la bahía de Colonia, surgida del pedido realizado por Jorge Batlle en 2004, pero agregando: “Hizo que 10 años de trabajo nuestro se tiraran a la basura”.

Pero esta no era toda la verdad, muchas voces ya se venían escuchando en Colonia sobre la desidia en comenzar las obras anunciadas por el presidente de Buquebus.

Las quejas eran verdaderamente atendibles y denunciaban el estado de abandono de los inmuebles adquiridos por López Mena para desarrollar sus proyectos de hotelería.

Uno de los emprendimientos iba a concretarse en el antiguo edificio que ocupaba la Prefectura del puerto de Colonia, lugar inspeccionado por Unesco.

Desde que el dueño de Buquebus adquirió el enorme y vetusto edificio, no se realizaron reparaciones ni arre- glos. El paso del tiempo hizo su obra y el deterioro cada vez era mayor. Contrastaba la ya ruinosa edificación con el resto del casco histórico.

Las fuerzas vivas de Colonia denunciaron el hecho, así como el apresuramiento del naviero en hacer colgar un cartel que indicaba: “Edificio en remodelación”, colocado previamente a la inspección de la Unesco. Pero era solo eso, un cartel; los trabajos de remodelado o mantenimiento eran inexistentes y cualquiera podía apreciarlo por la maleza y las ratas que se habían adueñado del lugar.

El empresario tenía, a la fecha de la llegada del inspector de Unesco en 2008, cuatro padrones en estado de abandono, con peligro además de derrumbarse.

Varios vecinos colonienses aportaron fotos para información de la Unesco, y el intendente de Colonia, Walter Zimmer, en lugar de apoyar la realidad que exponían los denunciantes, se enojó con ellos, por alertar a las autoridades sobre el deterioro de lugares históricos.

Para dar un ejemplo de las dimensiones que ocupan los padrones en su conjunto, cuyos números son: 11, 12, 771 y 5245, se puede decir que abarcan tres manzanas.

Frente a la vieja Prefectura, hay otra de las edificaciones abandonadas en que el mal estado de la construcción es notorio. Luego está el padrón 5245, de grandes dimensiones, ubicado en la esquina de las calles Ituzaingó y Rivadavia, donde nunca existió mantenimiento, y se puede apreciar una casa ruinosa y un paredón de ladrillo. La tupida maleza y los roedores se han apropiado del lugar. El peligro de derrumbe está latente y quizá, según observadores, esa sería la intención real: el dejar que las edificaciones se derrumbaran, para poder construir otras modernas, sin tener que mantener y remodelar las construcciones históricas allí existentes.

El empresario manifestó que construiría el hotel cinco estrellas en el viejo edificio de Prefectura y, luego de las recomendaciones de la Unesco, expresó que podría relocalizar su proyecto del puerto de yates en otra zona, que sería el Real de San Carlos, pero añadió que no quería seguir perdiendo el tiempo; algo inexplicable, ya que nunca aclaró por qué abandonó y permitió el deterioro de los lugares donde pensaba construir sus proyectos:

“… no quiero esperar otros doce años porque tal vez ya esté en otro mundo”, dijo, pero pocos le creyeron.

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